La imagen muestra un cordero joven de pie en un campo cubierto de hierba. El cordero tiene lana blanca, suave y rizada, y unas orejas grandes y erguidas con el interior rosado. Su rostro es expresivo y ligeramente sonriente, lo que le da un aspecto tierno y entrañable. En las patas hay parches de lana más oscura cerca de las rodillas, lo que aporta a su apariencia un toque distintivo. El fondo está desenfocado, resaltando al cordero como sujeto principal y aportando a la imagen una sensación pastoral y cálida.